Inglaterra muestra su mejor cara en la Ciudad de México
La actuación de Inglaterra contra México en la Copa del Mundo mostró un nuevo lado del equipo, resaltando su resiliencia y unidad bajo presión.
Por Celia Díaz
7 de julio de 2026 a las 00:18

El partido estaba programado para comenzar, pero la madre naturaleza, siempre omnipotente, decidió mantener a todos en espera. La presión aumentó, pero una vez que el encuentro dio inicio y los himnos nacionales fueron cantados por los aficionados, dominados en su mayoría por la afición local, entendimos que esa noche sería especial. Una noche de fuego y truenos. Para Inglaterra, los Tres Leones experimentaron lo que todos presenciamos: un caldero vibrante de energía mexicana. Los aficionados no solo querían ganar; deseaban una victoria contundente. En cualquier otra década del fútbol moderno, habría presenciado ese deseo cumplido. He vivido demasiados años de angustia y fracasos de Inglaterra. Desde 1990, cuando Paul Gascoigne lloró tras recibir una tarjeta amarilla que lo suspendía para la final, hasta la humillación del 4-1 ante Alemania en el Mundial de Sudáfrica 2010.

A pesar de algunas mejoras bajo la dirección de Gareth Southgate, la victoria seguía siendo esquiva, con fracasos en 2018 y 2022. La frase "Inglaterra siempre se rinde" se había convertido en un mantra. Este fue también el escenario donde Diego Maradona rompió los corazones de los aficionados ingleses con la famosa "Mano de Dios". Sin embargo, el domingo por la noche, contra México, vi algo que nunca había presenciado antes, gracias a este equipo y su entrenador.
Bajo la dirección de Thomas Tuchel, el equipo adoptó un enfoque pragmático y decidido. Los jugadores ignoraron las distracciones y se concentraron en lo que podían controlar. Enfrentaron el duro entorno de la Ciudad de México y lo utilizaron a su favor. Los jóvenes futbolistas, acostumbrados a la presión del fútbol moderno, soportaron una gran carga. Gracias al trabajo de Southgate y Tuchel, se han vuelto más fuertes; esta es una verdadera hermandad. Como resultado, presencié la actuación más heroica de Inglaterra que recuerdo. Jude Bellingham, Jordan Pickford y Anthony Gordon jugaron los mejores partidos de sus carreras. Harry Kane perdió la voz al finalizar el encuentro. Bellingham y Ezri Konsa cayeron al suelo al sonar el silbato final. Fue una noche de leones que lucharon contra un público hostil, la altitud, el clima y, honestamente, el árbitro. Fue una guerra física y mental en la que también tuvieron que jugar con 10 hombres desde el minuto 56.
La actuación recordó una de mis citas favoritas del filósofo Viktor Frankl: "Lo que da luz debe soportar la quema". Después del partido, el equipo de Inglaterra y su cuerpo técnico se dirigieron hacia los aficionados que, a pesar de la lluvia y el trueno, resistieron para ver a su equipo triunfar. Juntos, de la mano, todos cantaron el clásico de Oasis "Wonderwall", un nuevo himno para el equipo y el país. Fue el final perfecto. Ahora, Inglaterra se prepara para cambiar la altitud de la Ciudad de México por la humedad de Miami, donde se enfrentará a un enemigo conocido: el gigante Erling Haaland y su Noruega. Quizás, solo quizás, este equipo de héroes será el que finalmente me salve.