México y su sueño mundialista: ¿debió tener un rol más protagónico?
La histórica victoria de México sobre Ecuador en la Copa del Mundo 2026 ha despertado la discusión sobre si el país debería tener un rol más protagónico en el torneo.
Por Mariano Bravo
3 de julio de 2026 a las 00:14


Cuando se anunciaron las ciudades sede para la Copa del Mundo 2026, quedó claro que el torneo sería mayormente una competencia en Estados Unidos. Once ciudades estadounidenses recibirán 78 partidos, incluyendo la gran mayoría de las rondas de eliminación. Canadá y México solo recibirán 13 partidos cada uno. ¿Fue esto justo? No hubo muchas objeciones. Estados Unidos tiene una infraestructura moderna de estadios y una diáspora internacional que añadiría pasión al torneo. FIFA apostó todo en este país para maximizar una audiencia que no tiene comparación en el resto del mundo. A pesar de los precios exorbitantes de las entradas, los estadios han estado, en su mayoría, llenos. Pero tras los 79 partidos y todo el drama mundialista vivido en las tres sedes, vale la pena preguntarse si México, con su fervor futbolístico, debió haber recibido un mayor protagonismo. El Estadio Azteca no tiene comparación cuando está lleno y los más de 80,000 aficionados apoyan a su selección. Y ahora que México avanzó a los octavos de final, ganando un partido de eliminación por primera vez desde 1986 al vencer 2-0 a Ecuador, el ‘branding’ de la selección mexicana, la más influyente de Norteamérica, está viviendo un momento sin precedentes. Incluso tras el primer partido en el Azteca, cuando México derrotó 2-0 a Sudáfrica, los aficionados de todo el mundo comenzaron a sugerir que la final de la Copa del Mundo, que se jugará en el MetLife Stadium, en Nueva Jersey, el 19 de julio, debió jugarse en la Ciudad de México. Después de todo, ese recinto fue el escenario de dos de las finales más memorables en la historia de los mundiales: en 1970, Brasil levantó su tercer título con su equipo invicto liderado por Pelé; y en 1986, Argentina ganó el torneo con Diego Maradona como figura estelar. El martes por la noche, el mítico estadio volvió a estallar de alegría. Las escenas de júbilo en todo el país tras la victoria de México, especialmente en la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, las tres ciudades que son sede del mundial, pintan el cuadro de una nación que está hipnotizada por su selección. Cuando México gana, y lo hace con autoridad en un mundial, la fiesta en las calles se siente más viva que nunca. "La relación que tenemos con el pueblo de México nos ha dado un gran impulso", dijo el entrenador de la selección, Javier Aguirre, en la conferencia de prensa posterior al partido. "Fue un partido exigente, pero se convirtió en una noche hermosa para la gente mexicana". Muchos de los jugadores de esta selección participaron en la del mundial anterior, que fracasó al no avanzar de la fase de grupos. Ese fracaso ya es cosa del pasado. Pero antes de celebrar el hecho de haber avanzado a octavos de final con una campaña invicta, los mexicanos tenían dudas de que su país estuviera listo para coorganizar el mundial. La remodelación del Estadio Azteca tuvo contratiempos y los encargados del estadio tuvieron que apresurarse para que cumpliese con los requisitos de FIFA. Además, el país enfrenta serios problemas logísticos debido a su obsoleta infraestructura de transporte público y al denso tráfico. También existen preocupaciones de seguridad, ya que el país sigue siendo azotado por la violencia de los cárteles. Activistas de derechos humanos han expresado que el mundial vendría a desvirtuar la crisis que vive el país, con más de 130,000 desaparecidos. En noviembre pasado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amenazó con convencer a FIFA de que retirara los partidos del mundial de Boston, Los Ángeles y Seattle, citando como razones el alto índice de criminalidad. Esas amenazas llevaron a la especulación de que Trump intentaría mover el partido inaugural de la Ciudad de México a algún lugar de Estados Unidos. En ese momento, las relaciones diplomáticas entre México y Estados Unidos eran tensas, y la relación de Trump con el presidente de FIFA, Gianni Infantino, hacía que esa posibilidad no fuese del todo descabellada. México tenía un problema de imagen, y había un creciente discurso de que la selección mexicana no cumpliría con las expectativas en un mundial que se juega en casa. Pero ganar cambia todo. "Este es un grupo de jugadores que merece lo que está viviendo", dijo Aguirre tras el partido con Ecuador. "Ahora estamos entre las 16 mejores selecciones del mundo. Estamos muy motivados. Somos una familia, eso es la verdad. Hicimos buen fútbol esta noche. No hay un mañana para los que pierden. Pero la gente en las gradas merecía una noche como esta". ¿México debió tener un rol más protagónico en este mundial? Si se toman en cuenta la historia del torneo y la cultura futbolística de México, la respuesta sería sí. México no es una selección que sea considerada de élite más allá de su continente. Nunca ha sido un verdadero contendiente en la Copa del Mundo. Pero en este mundial tiene la oportunidad de cambiar esa percepción, sobre todo con su pasión por el fútbol. En Estados Unidos, México es visto como el equipo local. Su liga, la Liga MX, es la más vista en ese país. Mientras estén vivos en el torneo, México tendrá un nuevo foco de atención, un foco que brilla intensamente.